eco2.jpgAtaques de pánico, irritabilidad extrema, pesimismo vital… Y en el fondo, un temor no reconocido al futuro de la vida en el planeta, un miedo acrecentado por las noticias apocalípticas sobre los efectos del cambio climático (sequías, inundaciones, hambrunas, extinciones masivas).
En la última Revista Mujer de La Tercera aparece éste artículo donde : “La obsesión por ser “amigable” con el medio- ambiente ha hecho que algunas personas se sientan infinitamente culpables por acciones domésticas. Dejar correr el agua, usar bolsas plásticas, comprar productos hechos en China y hasta traer hijos al mundo pasó a ser ahora materia para la ecosicología, la especialidad clínica que promete ayudar a reconciliarse con el entorno.
según los expertos, la creciente conciencia en las sociedades más desarrolladas sobre el impacto que produce el actual estilo de vida sobre el ambiente, ya tiene como correlato un nuevo enfoque sicológico: la ecosicología.”
Melissa Pickett, psicoterapeuta norteamericana afincanda en Santa Fe, es una de las pioneras en el tratamiento de la ecoansiedad. Aunque el término no está reconocido por los psicólogos, Pickett asegura que por su consulta pasan entre 40 y 80 pacientes al mes con síntomas más o menos parecidos, achacables a la preocupación excesiva por la supervivencia en las próximas décadas.
«La opinión pública está despertando, la gente empieza a ser consciente del daño que estamos causando a nuestro entorno natural, y eso es bueno… Pero el miedo es la peor de las respuestas: el miedo nos atenaza y no nos deja actuar».
«Si indagas en los problemas de la gente, descubres cómo esa conexión totalmente necesaria se ha ido cercenando, por razones culturales, sociales o incluso religiosas»
La terapeuta aconseja restablecer ese vínculo roto como primer paso: «Si amas la naturaleza, cuidarás de ella. En el momento en que el hombre descubre la importancia de un entorno sano, todo lo demás viene solo. En muchos casos se trata de recuperar la relación idílica y fluida que todos solíamos tener de niños con los elementos naturales».
Cultivar un jardín, pasear descalzos por la playa, meditar en la montaña o tener siempre a mano algún elemento natural son algunas de las recetas de la ecoterapeuta, que admite sentirse también muy cercana a las ideas de Richard Louv, autor de Last child in the woods (El último niño en el bosque). Según Louv, muchos de los males de las sociedades modernas -de la depresión a la obesidad- son achacables a la privación de ese contacto primordial con la naturaleza. Y el único antídoto posible es la abundancia natural: salir de la tecnosfera en la que vivimos y pasar el mayor tiempo posible a cielo abierto.

eco1.jpgLa ecoterapia

Linda Buzell y Sarah Edwards recomiendan algunas acciones que pueden ayudar a paliar la ansiedad provocada por la desconexión con nuestro origen. Algunas son muy sencillas y otras más radicales:
– Cultivar hierbas o pequeñas hortalizas para usar en nuestras comidas (las venden en semillas o en maceteros, en viveros y tiendas para el hogar).
– Adoptar una mascota, acariciarla y cuidarla.
– Cocinar en familia o con los viejos amigos y luego compartir la comida.
– Salir el fin de semana y observar la naturaleza en silencio: el canto de los pájaros, el rumor de un río, los cambios de forma de las nubes, etc.
– Caminar más.
– Limitar nuestro tiempo y el de nuestros niños frente a cualquier tipo de pantalla.
– Intercambiar nuestras pertenencias en desuso -ropa de niños, equipamiento de bebés- con familia y amigos, en lugar de comprar todo nuevo.
– Rescatar o rehabilitar animales o vegetación abandonada a nuestro alrededor.
– Tomar un curso de permacultura para aprender a rehabilitar la tierra y hacerla cultivable.
– Evitar los pesticidas e insecticidas.
– Comprometerse a acumular y consumir menos.
En Chile Wenu Mapu es un centro de ecoterapia.
Fuente: Revista Mujer La Tercera
elmundo. es
http://www.ecotherapy.org.uk/page.php
http://thoughtoffering.blogs.com/ecotherapy/

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